¿Dónde está el hombre y dónde la mujer?

“Are you a boy? or are you a girl?”

La consciencia es algo que nos une más allá de nuestra biología y entre más pasa el tiempo se metabolizan pensamientos colectivos que revelan el chip insertado en nuestras cabezas que contiene toda la información que hemos recibido sobre los roles masculinos y femeninos. ¿En dónde está el macho en el color azul y dónde la hembra en el rosado? Está claro que existen roles sociales, actitudes femeninas y masculinas que se asumen dependiendo del género. Hay personas que “transgreden” estos límites, así el travestismo denota el usar la “ropa del Otro”. ¿En dónde está el otro? pues está en las características, roles y modelos de comportamiento que como sociedad perpetuamos y asignamos a cada sexo biológico. El Otro es una fantasía mediática, un ejercicio imaginario que obliga “a ser”, y el “hacer” es el aceite que hidrata el engranaje de esta maquinaria social.

La psique en su evolución constante absorbe los patrones sociales y se identifica a gusto con lo que capta; las que se creen muy femeninas y niegan toda acción de poder y lógica, reprimen a su Juana de Arco y los que se creen muy masculinos a su Alejandro Magno, su Oscar Wilde, que para nadie es un secreto las aventuras homosexuales del primero y la sensibilidad del segundo. El hombre puede vivir la feminidad, la ternura, la intuición, así como la mujer puede experimentar en su interior el control, la penetración, la fuerza. Estos valores psíquicos, como dictaba Jung en su referencia a los arquetipos qué hacen parte del alma, se viven en el ser humano sin distinción de qué sexo biológico se es, nuestra psicología personal y social es la suma de lo masculino y lo femenino.

Se entiende que cada cultura establece los patrones sociales y sus rubros de intercambio con el otro, cada sociedad impone patrones que sus ciudadanos aceptan y persiguen con el mismo gusto, así que aquí no es un problema de sistema porque los mismos integrantes son los que mantienen y favorecen a que estos patrones se perpetúen. En una época atrás estos sistemas servían y si la mujer estaba en la casa cuidando los niños y el hombre trabajaba es porque esto era funcional y estás tradiciones llegan a nosotros y somos nosotros los que mantenemos estas conductas.

El hombre suficientemente hombre y la mujer suficientemente mujer; he escuchado tantas historias de amigos heterosexuales que no tienen excitación sexual frente a un hombre pero aun así han besado a otro hombre y esto no pone en duda su sexualidad, un incauto podría decir que es un homosexual latente y que el tiempo se encargará de revelar su verdadera inclinación sexual, esto es ingenuo y es seguir en el mismo valor social de un hombre al usar un traje de seda rosa es por sus inclinaciones femeninas, pero algunos otros sabrán que el rosado en 1700’s era considerado un color masculino.

En la modernidad hay la sensación de un hombre al hablar con una mujer es porque hay química sexual y si un hombre alaba y habla del atractivo de otro hombre es cuestionado, como si las personas tuvieran que definir su naturalidad, que el hecho de ser seres humanos no fuera suficiente y tuviéramos que poner otro filtro que a la final genera un espejismo que nos obliga a relacionarnos por nuestro rol psicológico asumido más no por las personas que somos. Esto se observa como una imposición y todo lo que se impone genera revoluciones, hoy es época de liberación del rol dictado ¿Sólo es necesario que una persona se ponga una tela cónica alrededor de su cintura, llamada falda, como para generar duda sobre su sexualidad? y todo por miedo a no ser el hombre suficientemente hombre que la sociedad espera que sea.

No me identifico con lo que la sociedad presiona en identificarse y ya no disfruto de las imposiciones psicológicas, me desagrada saber que aun en el 2016, en nuestra generación, aún estamos pensando que el esmalte de uñas es para las mujeres y si un hombre lo usa pone en riesgo su sexualidad, como si las ganas de fornicar con una mujer tuvieran que ver con el color de sus uñas. Brigitte Baptiste, la, ahora legalmente reconocida como mujer, directora del Instituto Humboldt es un buen ejemplo nacional colombiano sobre nuestras limitaciones estéticas y estructuras mentales arcaicas, alguien que vestido con un estilo kitsch puede dar sus ponencias académicas con una voz declamatoria varonil marcada.

Con esto quiero dar a entender que socializar con el otro desde nuestros roles sociales sobre la feminidad y masculinidad son formas de relación ancestrales y antiguas, formas de interacción que ya no se acomodan a estas exigencias actuales de liberación. Una forma de jerarquización mental antigua, y como animales en evolución, en un tiempo necesitábamos pistas para reconocer el macho de la hembra para procrear. Me indigna saber que nuestra evolución mental sea tan lenta y aun tenga estas estructuras metales de antaño, hace falta una revolución mental y vernos a nosotros mismos más allá de la estética y comprender profundamente la importancia del otro por lo que es, más no por la posición, el engranaje social que asume. Nuestro camino evolutivo mental necesita derrumbar fronteras imaginarias, abrir los ojos y ver realmente que somos seres flotando en la inmensidad, que buscan comunicación y comprensión. Tenemos fronteras porque nacimos con ellas y también tenemos la capacidad de acelerar y transformar nuestras estructuras mentales.

En futuras épocas imagino a un mundo en donde hayan caído las barreras estéticas, las barreras de la adjudicación de la masculinidad y la feminidad, en donde feminidad no recuerde a la mujer sino que recuerde lo delicado, un mundo en el que la estética y las costumbres sociales no afecte mi identidad sexual, porque si como ser individual encuentro satisfacción sólo por las mujeres no tenga que asumir un rol específico para poder interactuar naturalmente sin ser considerado parte de alguna contracultura. Porque es esto lo que vemos, que cada atisbo de individualidad y reconstrucción propia frente a los roles sociales sea tomado como una manifestación contracultural.

En un punto de nuestra historia, si es que vamos en una línea directa a la evolución, podamos relacionarnos desde lo natural, hombres y mujeres completos, no masculinos y femeninos divididos en cuerpos de hombres y mujeres, porque un hombre puede llegar a ser tan femenino y delicado así como controlador agresivo. Buscamos placer pero no en los mismos lugares; la tolerancia no está en aceptar las diferencias, está en des-identificarnos de que somos diferentes.

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